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El peso de controlar

Una de las principales ideas que ofrecí desde que empecé este blog es la sobrecogedora influencia del imperativo femenino sobre la sociedad. Es un tema recurrente sobre mi visión sobre las relaciones entre los sexos porque creo que realmente es el ambiente que aceptamos por defecto. Las mujeres, claramente, tienen muy pocas razones para cuestionar la importancia de su propio imperativo cuando les sirve, y los hombres se ven poco dispuestos a analizar el tejido social en el que viven si intuitivamente sienten que eso puede hacer que se les rechace intimidad, sexo o afirmación social. Desenchufarse de la Matrix femenina es un acto de voluntad.

Mi eufemismo cuando me refiero a los detalles y convenciones sociales del imperativo femenino es llamarlo “mundo de chicas”, y creo que mis lectores interpretan el incremento del feminocentrismo como algo único que pasó solo en finales del siglo 20 hasta el presente en el que nos encontramos, no creo que esa interpretación tome en cuenta la directiva o motivación principal que demanda el imperativo femenino, algo que este ha demandado desde antes de nuestra feminización actual.

Esa motivación es el control.

Riesgo vs. Seguridad

Es muy fácil pensar que esa necesidad por el control de lo femenino es simplemente una búsqueda de poder, y aunque en cierta forma es cierto, esto sería interpretar esa necesidad desde una perspectiva masculina. Los hombres tienden a querer poder; poder sobre los demás, sobre sus propias vidas, para afirmar su estatus, estima, influencia, etc. Desde la perspectiva femenina, sin embargo, puede haber una minoría de mujeres que desean realmente ese poder masculino, pero la gran mayoría busca control en el sentido de que buscan satisfacer una necesidad innata de su propia seguridad. Para las mujeres la seguridad viene en diferentes variantes, financiera, emocional, autoestima, etc. Pero su necesidad de control nace de minimizar el riesgo y la incertidumbre que están asociadas a conseguir esa seguridad.

A partir de una combinación entre la testosterona y su proceso neuronal, los Hombres prosperan y crecen en toda actividad donde haya toma de riesgos – tenemos una propensión hacia los comportamientos que se benefician del riesgo. Y somos capaces de hacer cualquier cosa para poder tomar riesgos. El impulso primario de las mujeres es el de evitar los riesgos; al ser el vehículo principal por el cual la siguiente generación va a aparecer y ser criada, es lógico que el software neural y bioquímico de las mujeres haya evolucionado hacia la aversión al riesgo. Al buscar seguridad, las mujeres desarrollaron y evolucionaron su propio set de propensión a la seguridad. Por lo tanto, se terminaron volviendo el sexo con capacidad mas desarrollada para la comunicación, por esa necesidad de poder tomar la decisión mas segura de la que disponga en cada momento.

Con el catalista que fue la revolución sexual, la dinámica de poder se movió hacia el imperativo femenino de una forma nunca vista en sociedad. Una vez liberadas de las normas sociales, las mujeres fueron alentadas por lo femenino (y sus nuevos simpatizantes masculinos) a perseguir su propia independencia de la forma que le guste, pero lo que generaciones de mujeres hicieron con esta nueva libertad fue perseguir mas fuertemente todavía hacia lo que fueron diseñadas después de cientos de miles de años de evolución psicológica, a consolidar su propia seguridad.

Cada ley que los hombres ven como terriblemente misandrista, cosas como las leyes de divorcio (división igualitaria de bienes aunque uno haya ganado mas que el otro), cuota de alimento, custodia de los chicos, cuotas mínimas de empleo, #NiUnaMenos, etc, parten de la necesidad innata que tienen las mujeres por su seguridad. Prácticamente todas las convenciones sociales femeninas fueron diseñadas para que las mujeres consoliden una seguridad a largo plazo para ellas mismas. La seguridad es la razón por la que buscan el control. Si pueden controlar las opciones, controlar el riesgo, controlar las precondiciones de las futuras decisiones que tomen, pueden consolidar mucho mas su necesidad de seguridad. El mundo de las chicas, nuestra sociedad moderna y feminista, moldeada por el imperativo femenino, se fundó con la idea de lograr un mejor ambiente para que las mujeres utilicen este control y logren obtener mucho mas fácilmente la seguridad que necesitan.

Cada marido intimidado que termino abdicando su encuadre para apaciguar a su esposa lo hace porque ella no confía en el como para darle el control de su seguridad. Alentadas tras generaciones para ser mujeres independientes y auto-suficientes, y combinado eso con generaciones de ridiculizacion de lo masculino, termina tomando como regla que no se puede confiar en que los hombres le provean seguridad. Y para poder cumplir con esa necesidad, se ve forzada a tomar las riendas como precondición a cualquier tipo de unión o casamiento, a pesar de querer un hombre que lo haga por ella.

A los hombres se los avergüenza al no ser el tipo de hombre que las mujeres esperan que sean cuando parecen incapaces de proveerles seguridad. En el mundo de las chicas esto se convierte en una norma preconcebida, lo hombres no lo hacen así que tenemos que hacerlo nosotras (proveer seguridad).

Reescribiendo la evolución

Sin embargo lo confuso de toda esta movida en el empuje por el control femenino es la influencia de los Hombres y su cooperación en contra de su propio imperativo sexual. Ya sabemos que son los Hombres quienes definen qué es sexy en la mujer (y viceversa). Pero en el mundo de las chicas esto es una afrente; las mujeres necesitan controlar los deseos del hombre para poder volverlos obedientes a sus necesidades generales de seguridad. La hipergamia no puede funcionar eficientemente si se le permite a los hombres definir el valor de las mujeres en el mercado sexual. Esa necesidad de controlar se ve exacerbada por la innata disposición biológica que tienen los hombres a preferir a las mujeres que a ellos le parecen sexy. ¿La solución? Reescribir las reglas sociales para que definir que tienen permitido los hombres encontrar como sexy. Y así llegamos a la ofensiva feminista para hacer que los hombres se interesen por “cómo es por dentro” y definir todo lo que le genera atracción física al hombre como “superficial” y “vacío”. Es la mayor demostración de arrogancia y solipsismo del imperativo femenino el pensar que puede reescribir las indicaciones de atracción que los hombres fueron evolucionando durante siglos.

Derechos

La forma en que lo femenino se siente con derecho a todo es un tema candente en la hombresfera, pero es un elemento que creo que esta faltando en la discusión sobre el rol que juega la seguridad femenina en toda la sociedad actual. Esa sensación de tener derecho a todo es una extensión de esta necesidad de controlar – los hombres le deberían deber a las mujeres el darle seguridad siempre que puedan, ya sean pareja o no, les gusten o no, y están enojadisimas por que eso no sucede.

Y se puede ver claramente que estamos en una pendiente ascendente de una ofensiva femenina por el control, como muestra un botón, el nuevo sitio de ‘citas’.

Tawkify.

La premisa es una descripción abierta de la necesidad de seguridad y control a la que las mujeres sienten que tienen derecho a tener y que los hombres están obligados a darle. ¿La premisa?

Le das al sitio tu nombre, teléfono y email. Recibís un código en el celular, completas diez preguntas – edad, donde vivís, sexo, etc. – y subís una foto. Por último seleccionas si querés un match o tres (uno sale USD8 y tres USD15), y pagas, listo. Los dueños del sitio van a matchearte personalmente con alguien basándose en la información que proveíste y vas a poder tener una charla telefónica de siete minutos con ellos el Lunes siguiente.

Lo bueno es que nadie espera que una mujer a que adapte una foto de si misma en beneficio de un hombre. Sus intereses dependen enteramente del factor de control del ‘casamentero’ y la determinación de ella de aceptar o no al hombre que le ofrecen. ¿Y qué motivación dan los creadores para haber empezado este servicio?

LAS MUJERES ESTÁN ENOJADAS. Las mujeres hablan sobre hombres, hombres jóvenes, hombres con quienes quisieran salir y casarse, y vaya que están enojadas. Esto es lo que dicen: “Lo único que quieren es sexo. No les importa nada las relaciones.” “Son muy vagos” “Lo único que hacen es jugar a los jueguitos” “No son hombres, son nenes”. Las mujeres están un poco perplejas. Son buenas chicas. Siguieron todo al pie de la letra: les fue bien en la escuela, fueron a la universidad, salieron, consiguieron un trabajo, empezaron a buscar a alguien especial con quien compartir su vida, y… “Conocí un chico la otra noche. Era muy lindo, inteligente. Tenia 28. Todavía vive en casa. Con su mamá.” Los hombres jóvenes tienen mas del doble de posibilidades de seguir viviendo con sus padres que las mujeres; el 59% de los chicos entre 18 y 24 años y el 19% entre 25 y 34 años viven con sus padres. Según la encuesta de hogares, hay 64.000 jóvenes hombres solo en Filadelfia que ya nunca dejaron el nido o que ya regresaron a el. Y todos tienen a sus madres, ex novias, abuelas, padres y otros amigos y conocidos preocupándose por su condición.

En si, el fundador del sitio, E. Jean Caroll, tomó el modelo feminista de ‘hacete hombre’ y lo llevó al campo de las citas en forma de un nuevo paradigma como una especie de masculinidad evolucionada – monetizando al mismo tiempo la inseguridad de las mujeres sobre los hombres infantiles, reforzando el sentido de derecho por encima de todo de las mujeres y absolviéndolas de las decisiones que hagan que las pongan en situaciones incomodas en este nuevo paradigma. En si, Carroll vende citas hipotéticas con hombre “de verdad” que tienen los medios para proveerles a las mujeres la seguridad que les deben. Y de nuevo se repite el tema; no se puede confiar en que el hombre te provea seguridad chicas, así que Carroll se va a asegurar por ustedes.

(enlace al original en ingles)

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