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Feminismo y la muerte del mentor masculino

Una de las peores fallas de la sociedad moderna es haber eliminado al mentor masculino a partir del imperativo femenino de destruir el espíritu de los niños jóvenes. Las mujeres hicieron tan buen trabajo que hasta hay hombres que sostienen pancartas como “Soy feminista porque la masculinidad da miedo”. Fallamos en proveer de una salida estable para la agresión masculina y evolucionamos hacia un estado de pasividad y tolerancia. Tolerantes de la mierda feminista, de nuestras propias circunstancias, y de no poder tener lo que deseamos. No soy un fanático de Maher, pero cuando dijo “nos anestesiamos mirando deportes y pornografía” tenia razón. En lugar de permitirle a los niños que luchen, peleen, exploren y se esfuercen físicamente, los llenamos de drogas para “no molesten a las niñas” con su masculinidad incipiente. En lugar de hacer deporte, lo miramos por TV y jugamos video juegos, logrando indirectamente… nada. Esto amolda el carisma y la exuberancia juvenil de un chico hacia un adulto inseguro y mentalmente ausente que no tiene calle ni experiencia real de la vida en la cual apoyarse en tiempos de dificultad y crisis. Creamos un estado de “hombres si” hacia las feministas que terminan cediendo a cualquier capricho y berrinche del movimiento. Un “hombre” que tienen tanto miedo a la confrontación, al compromiso, al estar solo que haría lo que sea por evitarlo.

Y no hablo del compromiso al nivel de una relación con una mujer. Hablo del compromiso a tomar una decisión, a un ideal. A decidir hacerse responsable por su propia vida, de educarse, de buscar y encontrar algo por lo que luchar, y progresar hacia cualquiera que sea su objetivo final (un artista, un ingeniero, un atleta profesional). Ya no comprendemos el concepto de moderación cuando pasamos todas las horas que estamos despiertos en Internet, jugando video juegos, y nos enlodamos con cero dirección. ¿Cuántos de nosotros crecimos sin los conocimientos masculinos fundamentales como la historia, la filosofía, el arte, la música, los clásicos, la poesía, Borges, Platón, la Biblia, y otras piedras fundamentales de la civilización?. Estos textos se enseñan porque tienen la propiedad de moldear a los niños jóvenes en hombres educados y enfocados. No necesitas amar al lenguaje para que te guste Borges, y no necesitas ser un religioso para arrancarle un poco de significado y entendimiento a la Biblia. Los Grandes Hombres cómo Aristóteles, Platón, Tesla, Darwin, Miguelangel, Bernini, Borges, Homero, Virgilio, Bach, Mozart, César, Alejandro Magno, se dejan de lado por su “privilegio de ser blancos”. ¿Cuántos jóvenes pueden nombrarte a todos los jugadores del equipo titular de su equipo favoríto? ¿Cuántos científicos conocen? Mientras sigan habiendo hombres con un conocimiento enciclopédico sobre el universo de la Guerra de las Galaxias que no hayan tenido tiempo de leer La Illíada, seguiremos teniendo una cultura en constante decadencia.

No sabemos de estas cosas porque nos fueron negadas por el feminismo. Los conceptos y textos duros fueron reemplazaron por textos fáciles de leer porque no era justo para las chicas que los hechos fueran mas importantes que los sentimientos y las opiniones. Le dimos mas importancia a la sensibilidad que a la verdad. Nos indignamos ante una discrepancia de opiniones. Los ensayos son mas sobre como te hace sentir lo “privilegiado” que tenia Dickens en lugar de examinar críticamente sus novelas. Buscamos el rol en la dictadura de los que opinan diferentes en lugar de ver si lo que está diciendo tiene sentido. El yugo al conocimiento masculino y la introducción del “privilegio” socavó a la civilización de tal manera que el mismísimo significado de la palabra misoginia terminó mutando a “todo lo que la mujer no puede hacer mejor que el hombre”.

Si todavía no la viste, te sugiero que veas la película “El hombre sin rostro” con Mel Gibson. En ella, Gibson hace de un maestro llamado Sr. McLeod que se tiene un serio accidente automovilístico que mata a uno de sus alumnos. Las heridas físicas y la culpa emocional lo vuelven reclusivo e incapaz de procesar su pena y dolor. No es hasta que se cruza a un joven de nombre Chuck Norstadt, que descubre un renacimiento de su pasión por la enseñanza.

Es un film clásico y lleno de material Red Pill. Chuck busca escapar de la locura de la casa de su madre y dos hermanas para ir a un internado, seguir los pasos de su padre y algún día convertirse en un piloto de la Fuerza Aérea. Las mujeres no tiene idea de como manejar ni controlar su energía y exuberancia. Su madre salta de matrimonio en matrimonio, sus hermanas no lo pueden ayudar y el termina perdido en el mundo sin una forma positiva de descargar su masculinidad. La madre no para de salir con betas los cuales no pueden apuntar a Chuck en la dirección correcta, incluyendo a un profesor de Yale que se presenta a si mismo ante el chico diciendo “Llamame solo Carl. Mi ego no necesita nada  de esa mierda autoritaria imperialista post-Hegeliana”. No suena tan fuera de lugar en nuestra sociedad llena de “justicia social” ¿no?.

En McLeod, Chuck encuentra un mentor, un maestro y un amigo. Mientras McLeod le enseña a Norstadt cosas esenciales como la Geometría, el Latín y el Ingles, también le imparte cosas más importantes: el concepto del trabajo duro, la importancia de hacerse responsable de lo que querés, por qué la integridad y la ética son virtudes por las que un hombre debería vivir, y también como aprender a razonar y pensar por uno mismo es la única forma para descubrir el significado de la verdad.
¿Cuántos de ustedes se hubieran beneficiado de un hombre como éste? ¿Cuántos jóvenes hoy en día se beneficiarían? Necesitamos reintegrar el concepto de la sabiduría masculina y volver a educar a los jóvenes, o vamos a terminar creciendo en un mundo débil, extremadamente sensible, y pasivo. Un mundo donde cosas como “violar con la mirada” son palabras legítimas (con las que te pueden meter preso).
Esas no son virtudes de una sociedad en crecimiento, tolerante ni saludable. Es el principio del fin antes de que los verdaderos hombres lleguen de afuera a reemplazarnos a todos.

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