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La dinámica del deseo

El deseo no se negocia.

Este es un principio básico que la mayoría de los hombres y gran mayoría de las mujeres ignoran  por completo. Una de las preguntas mas comunes en lo que respecta a problemas personales es del estilo “¿Cómo hago para que me vuelva a amar?”. Usualmente esto se traduce en el hombre buscando alguna metodología que le permita devolver a su relación a un estado anterior donde una mujer apasionada no podía dejar de buscarlo y desearlo. Seis meses después de esa cómoda familiaridad y la emoción se esfumó, aunque la realidad es que lo que desapareció fue el deseo genuino.

Usualmente es en esta etapa cuando el hombre recurre a la negociación. A veces puede ser sutil, como hacer cada vez mas cosas por ella con la esperanza de que ella va a ser reciproca volviendo al fervor sexual que solían tener. Otras veces un matrimonio puede ir a un consejero de parejas para “solucionar sus temitas sexuales” y ahi negociar los términos de su conformidad sexual. El promete lavar los platos y la ropa más seguido a cambio de que ella finja volver a tener interés sexual por el.
Sin embargo, no importa cuales sean los términos negociados, no importa cuan grande sea el esfuerzo que el haga para merecer una recompensa, el deseo genuino sigue sin estar ahi. De hecho es peor, ya que ella ahora se siente peor por no tener ese deseo por le cual su pareja esta esforzándose tanto.

La negociación del deseo

Solo lleva al cumplimiento obligado. Es por eso que su respuesta sexual luego de la negociación es tan pobre, y también es la causa por la cual se frustra todavía más. Puede ser que ella ahora esté sexualmente más disponible para el, pero esa experiencia sin entusiasmo nunca es la misma que la que tuvieron cuando recién se conocían y no había necesidad de ninguna negociación, y solo existía el deseo espontáneo de el uno por el otro.

Desde la perspectiva masculina, especialmente desde la perspectiva del macho beta, negociar el deseo puede aparecer como una solución racional al problema. Los hombres suelen depender de manera innata en su capacidad por el razonamiento deductivo; también conocida como la lógica “si tal cosa, entonces tal otra”. El código en general se parece a esto:

Necesito sexo + mujer tiene el sexo que quiero + consultar con mujer sobre condiciones para el sexo + cumplir pre requisitos para el sexo = el sexo que quiero.

Tiene sentido, ¿No? Es economía básica, pero este razonamiento se construye en base a una premisa que requiere que la mujer se auto-evalúe con precisión. El deseo genuino que solían experimentar al inicio de su relación, se basaba en un conjunto totalmente desconocido de variables. Comunicar de manera directa el deseo de recibir deseo recíproco crea una obligación, y a veces hasta un ultimátum. El deseo genuino es algo a lo que una persona debe llegar -o ser guiada- por su propia voluntad. Podes obligar a una mujer con amenazas para que cumpla y se comporte de una forma que vos quieras, pero no podes hacer que quiera comportarse de esa forma. Una prostituta te va a cojer a cambio de tu plata, pero eso no quiere decir que ella quiera cogerte.

Ya sea en una relación a largo plazo o una relación casual, buscá que exista el deseo genuino en tus relaciones. La mitad de la batalla es saber que querés estar con una mujer que quiera por si misma agradarte y darte placer, y no estar con una que se sienta obligada a ello. Nunca vas a obtener deseo genuino utilizando métodos directos, pero podes guiarla indirectamente hacia ese lugar. El truco para provocar el deseo real es en no dejar que ella se entere de tus intenciones. El deseo real llega cuando ella piensa que es algo que quiere, y no algo que tiene que hacer.

(Enlace al original en Ingles)

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