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Programas de apareamiento

Hay varios métodos y estratagemas sociales que las mujeres usaron por siglos para permitirse elegir a los mejores genes masculinos al mismo tiempo que se aseguraban la mejor seguridad y provisión masculina que podían atraer. El Hombre ideal debería suplir ambas necesidades, pero raramente el mismo hombre contiene ambas facetas (especialmente por estos días) así que en el interés de hacer realidad su imperativo biológico, y acuciadas por el deseo innato de seguridad, el femenino como un todo desarrolló convenciones y metodologías sociales (las cuales cambian según lo necesite tanto su entorno como su condición personal) para lograrlo. Los hombres no se enfrentan solo al imperativo genético femenino, sino también a siglos de convenciones sociales establecidas y adaptadas de un tiempo antes de que los hombres pudieran siquiera definirse como especie.

La selección de una pareja es una función psico-biológica que quedó integrado en nuestros genes tras varios milenios de evolución. Este proceso se encuentra tan internalizado y socializado que nuestras psiques colectivas raramente reconocen de que nos vemos sujetos a estos motivadores incluso cuando repetimos continuamente los mismos comportamientos que causan (tales como tener un segundo hijo, esta vez con el Chico Malo Alfa). Es por eso que decir que no estamos sujetos a tales condiciones, las cuales percibimos poco y nada de forma consciente es un poco ingenuo.

Solo se requiere un poco de lógica deductiva para deducir que para que una especie sobreviva, tiene que darle a su descendencia las mejores condiciones posibles para asegurar su supervivencia -eso, o reproducirte en tal cantidad que también asegure tu supervivencia. La aplicación obvia de tal situación es cuando las mujeres comparten la inversión parental que requiere un hijo, con la mejor pareja que sus propia genética le permite atraer y que puede proveerle seguridad a largo plazo tanto a ella como a su descendencia. Es así cómo las mujeres terminan siendo biológica, psicológica y sociológicamente las guardianas de su propia reproducción, mientras que la metodología reproductiva de los hombres es la de esparcir lo mas que puedan su material genético, tanto como le sea humanamente posible, a la mayor cantidad de mujeres posibles que tenga a su disposición. Por supuesto el también tiene su propio criterio para la selección de parejas y para poder determinar cómo reproducir los mejores genes (pe: tiene que estar buena), pero este criterio es ciertamente menos discriminador que el de las mujeres (pe: no hay feas después de las 5am)
Esto se ve evidenciado en nuestra propia biología hormonal; los hombres tienen entre 12 y 17 veces mas cantidad de testosterona (la principal hormona que causa la excitación sexual), mientras que las mujeres producen substancialmente mayor cantidad de estrógeno (fundamental en la cautela sexual) y oxitocina (genera sentimientos de seguridad y crianza) que los hombres.

Dicho eso, ambas metodologías se enfrentan en la práctica. Para que una mujer pueda asegurar la supervivencia de sus hijos, es necesario que un hombre abandone su método de reproducción a favor del de ella. Esto crea una contradicción en el imperativo de él al querer formar pareja con una mujer que pueda satisfacer su propia metodología. Un hombre debe sacrificar su propio programa de apareamiento para satisfacer el de la mujer con la que forma pareja. Por lo tanto, con tanto potencial genético en riesgo de su parte, no sólo quiere el hombre asegurarse de que ella es la mejor candidata posible para reproducirse (ahora y a futuro), sino también de que su descendencia se va a ver beneficiada por la inversión de ambos padres en su crecimiento.

Nota: Un resultado interesante de esta dinámica psico-biológica, es la habilidad de los hombres en identificar a sus propios hijos en una muchedumbre de otros chicos con mayor precisión y rapidez incluso que las propias madres. Hay varios estudios que demuestran que los hombres pueden identificar con mayor rapidez y exactitud a sus propios hijos en una sala llena de niños vestidos con el mismo uniforme que las propias madres de los chicos.

Estos son los fundamentos de la selección y reproducción sexual humana. Hay muchas otras complejidades, tanto sociales, emocionales como psicológicas, asociadas a estos fundamentos, pero estas son las motivaciones y consideraciones básicas que influencian de forma subconsciente a la selección sexual.

Convenciones sociales
Para contrarrestar esta dinámica subconsciente para su propia ventaja genética, las mujeres inician convenciones sociales y planes psicológicos para poder facilitar sus propias metodologías de reproducción. Es por esto que las mujeres siempre tuvieron esa “prerrogativa de cambiar de parecer” y el por que hasta el comportamiento social mas inconstante se convierte en algo excusable socialmente, mientras que el comportamiento de los hombres se ve atado a estándares mas altos de responsabilidad para “hacer lo correcto” que invariablemente es lo correcto para ventaja del plan reproductivo de la mujer. Por eso, los hombres que son “chamulleros”, o los padres que abandonan a sus mujeres con hijos  para seguir su impulso innato de reproducción son villanos, mientras que los padres que se sacrifican financiera y emocionalmente, que ceden el control de su vida a sus mujeres, a menudo para beneficio de chicos de los cuales no son padres biológicos, son considerados héroes por la sociedad, por ajustarse al imperativo genético de las mujeres.

Esta es también la raíz de la motivación de ciertos comportamientos sociales femeninos, tales como los rechazos del estilo “seamos amigos”, la tendencia de las mujeres a victimizarse (ya que aprendieron que esto engendra un plan reproductivo en los hombres como ‘salvador’ – conocido también como Capitán salvaputas), e incluso el matrimonio.

Buen Papá vs. Buenos Genes
Las dos mayores dificultades que deben superar las mujeres según su propia metodología reproductiva, son que su pico máximo de viabilidad sexual dura muy poco (generalmente durante sus 20) y el hecho de que las cualidades que hacen a una buena pajera a largo plazo (El Buen Papá) y las cualidades que hacen un buen material genético para reproducirse (Buenos Genes) se manifiestan muy raramente en el mismo hombre. El potencial de seguridad y aprovisionamiento es una motivación fantástica para aparearse con un Buen Papá, pero esas mismas características lo ponen en desventaja cuando se lo compara con un hombre que de ilustra la atracción física y genética y quien con sus cualidades de toma de riesgos inculcaría a sus hijos con una mejor capacidad de adaptarse al medio ambiente (pe. más fuerte, más rápido, más atractivo a los demás, asegurándole el pasaje de su propio material genético a las futuras generaciones). Esto es conocido como la “Paradoja del Forro vs el Tipo Bueno” (Jerk vs Nice Guy paradox) descrita a escala evolucionaria.
Tanto hombres como mujeres, de forma innata (aunque subconsciente) entienden ésta dinámica, así que para que la mujer pueda tener lo mejor que el Buen Papá tiene para ofrecerle al tiempo que toma ventaja de lo que el hombre con Buenos Genes tiene, debe inventar y modificar constantemente las convenciones sociales para mantener esa ventaja biológica a su favor.

Programas de Apareamiento
Es por eso que esta paradoja requiere que las mujeres (y los hombres, por definición) suscriban a los programas de apareamiento tanto de corto como de largo plazo.
Los programas de corto plazo facilitan aparearse con el hombre de Buenos Genes, mientras que los programas a largo plazo se reservan para el hombre que es Buen Papá. Esta convención y los programas psico-sociales que lo acompañan son precisamente la razón por la cual una mujer se casa con el Chico Bueno, estable, leal, (preferentemente) doctor y aún así termina cogiendo con el chico del delivery, o aquel surfista o barman que conoció de vacaciones. En nuestro pasado genético, un hombre con Buenos Genes implicaba un hombre con la habilidad de ser un buen proveedor (por la caza), pero las convenciones modernas terminaron distorsionando esto, es por eso que las mujeres tuvieron que desarrollar nuevos planes tanto sociales como mentales.

Infidelidad
Para esta dinámica y por la practicalidad de disfrutar de lo mejor de ambos mundos genéticos, las mujeres ven el ser ‘infiel’ como una necesidad. Esta infidelidad puede ser tanto proactiva como reactiva.

Infidelidad Reactiva: En el modelo reactivo, una mujer que ya está en pareja con un hombre a largo plazo, entabla relaciones sexuales extra-maritales o extra-relación con parejas a corto plazo (pe: la típica mujer o novia infiel). No quiere decir que esta oportunidad al corto plazo no pueda terminar desarrollándose en una segunda relación a largo plazo, pero el acto de la infidelidad en si mismo es un método de asegurarse una mejora del material genético que el que su hombre proveedor ya asegurado puede proveer.

Infidelidad Proactiva: Es el dilema de la madre soltera. Este tipo de ‘infidelidad’ depende de que primero la mujer se reproduzca con un hombre con Buenos Genes, tenga sus hijos y luego lo abandone, o haga que la deje (de nuevo, a través de convenciones sociales inventadas), para poder así encontrar a un hombre Buen Papá para que la provea tanto a ella como a los hijos que tuvo con su pareja de Buenos Genes, y así asegurar su seguridad y crecimiento.

Quiero volver a remarcar, que la (mayoría) de las mujeres no tienen un plan maestro definido de forma consiente para interpretar este ciclo y atrapar a los hombres de forma deliberada. En cambio, las motivaciones que causan este comportamiento así como la racionalización social que se inventan para justificarlo son un proceso inconsciente. En general, las mujeres no están al tanto de esta dinámica, pero sin embargo se ven influenciadas por ella. Para que la hembra de cualquier especie facilite una metodología de reproducción con la mejor pareja genética, tiene que poder atraer y al mismo tiempo asegurar su propia supervivencia y la de sus descendientes con la pareja que mejor la pueda proveer; sería el equivalente al gordo de navidad evolutivo.

El Cornudo
En cierto nivel de consciencia, los hombres sienten de forma innata que hay algo mal con esta situación, aunque no puedan decir exactamente por qué sienten eso, o aunque lo malinterpreten en la confusión que les genera las justificaciones femeninas del hecho. Se terminan frustrando por las presiones sociales de ‘hacer lo correcto’ o los avergüenzan hasta que se comprometen en un martirio de responsabilidad fingida hacia estas convenciones. Sin embargo, algunos lo ven lo suficientemente claro como para evitar a las madres solteras, ya sea por experiencias pasadas o por observar a otros hombres cornudos cargando con la responsabilidad de criar y proveer -sin importar cuan involucrado esté – al éxito reproductivo de otro hombre con su ahora mujer.

Los hombres suelen caer en el rol del cornudo proactivo o reactivo. Nunca va a disfrutar del mismo nivel de beneficios que tienen los hombres elegidos para los planes de Corto Plazo por su pareja, tanto en el deseo sexual o en la inmediatez de él, mientras que al mismo tiempo debe soportar las presiones sociales de proveer a la prole de este padre con Buenos Genes. Se podría argumentar que el tiene la posibilidad de contribuir de manera mínima al bienestar de estos chicos, pero de alguna forma, ya sea emocional, física, financiera o educativa, va a contribuir algún esfuerzo a la descendencia genética de otro hombre a cambio de una intimidad/sexualidad limitada por parte de la madre. En cierta forma, (incluso si solo es por su presencia) está contribuyendo su tiempo y esfuerzo cuando podría estar invirtiéndolos en encontrar una pareja sexual con las que perseguir su propio imperativo genético usando sus propios planes.

De mas está decir que hay un sobrante de hombres con la suficiente necesidad sexual como para ‘ver más allá’ de las desventajas a largo plazo, no solo premiando, sino también reforzando las malas decisiones de la madre soltera (malas desde el punto de vista el propio interés del hombre) a favor de la selección y planes reproductivos de ella, todo a cambio de una gratificación sexual al corto plazo.
Es más, al reforzar este comportamiento también se refuerza las convenciones sociales tanto para los hombres como las mujeres. Es muy importante tener en mente que en esta época, las mujeres son las únicas responsables por los hombres con los que eligen reproducirse (exceptuando las violaciones, por supuesto), teniendo en cuenta que ellas pueden tomar la pastilla anticonceptiva. Los hombres también tienen responsabilidades por sus acciones sin duda, pero la decisión final siempre es de la mujer y su juicio es el que decide tanto su destino como el de sus hijos.

(Enlace al original en Ingles)

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