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Sobre el Amor y la Guerra

En general a ninguno de los dos sexos les gusta que otro le defina qué es el amor. El concepto de amor esta cargado de subjetividades, y como es de esperar terminas ofendiendo las sensibilidades e interpretaciones de la gente al intentar hacer que su idea de amor entre en tu definición. Es una de las razones por la cual el amor es una idea tan buena y tan humana, pero su ambigüedad es al mismo tiempo la causa de muchas de las tragedias y sufrimiento humano que vivimos. Vemos al amor en contextos religiosos, interpretaciones personales, tratados filosóficos, dinámicas biológicas y un montón de otras áreas, así que es fácil entender cuan universalmente intrincado, manipulativo y a la vez también cuan natural y vinculante puede ser el amor según cuan bien o cuan mal se alinee nuestro concepto de este al de los demás.

Para esbozar (no definir) la perspectiva masculina del amor y contrastarla con la perspectiva femenina es necesario entender como cambia el amor del hombre a medida que madura. Muchos intentan encontrar la raíz del concepto en la relación con sus madres. Por mas que suene muy Freudiano, no puedo decir que es un mal comienzo. Los hombres realmente reciben las primeras impresiones del amor intimo y físico de sus madres, y a su vez esto termina armando los cimientos de lo que se espera del amor de sus potenciales esposas (o amantes). Aunque los niños no tengan la habilidad de pensar en términos abstractos, tienen un entendimiento innato de la condiciones que se deben cumplir para mantener ese amor materno. Yohami escribió un artículo muy bueno describiendo esto con su experimento de la cara.

Así lo describe:

Este circuito se imprime en tu mente incluso antes de que aprendas a hablar = antes de que seas capaz de formar conceptos abstractos. Es un circuito básico de cuatro piezas emocionales y de comportamiento.

Hay muchas maneras en las que el circuito se puede grabar “mal”. Uno es que la madre (o padre) sea el que recibe, haciendo del niño el que da. Otras es hacerlo a reconocer su relato. Otra es que la madre (o padre) responda solo cuando el niño actúa. Otra es hacer que el niño actúe y cuando lo haga silenciarlo / castigarlo por haber actuado. Etc. En resumen, el niño entiende el juego y empieza a jugarlo.

Y a partir de ahi construis todo el resto.

Las experiencias que tuviste entre los 12 a 21 años ayudaron por supuesto a formarte, porque ahora tenes 35 y sos el resultado de la suma acumulativa de estas. Pero para ser honestos, lo que te pasó en entre los 12 y 21, son los mismos mecanismos que ya venían sucediendo, solo que con mas influencia del mundo externo, impulso sexual y otras presiones adicionales.

Intento localizar el origen del dolor, y es este; al igual que un compás o cualquier forma geométrica que intenta encontrar equilibrio, el dolor intenta reencontrar con lo “bueno” (de el bueno, el malo y el feo), pero solo sabe alcanzar ese “bueno” balanceándose violentamente entre lo malo y lo feo y episodios de furia y si eso no funciona, separando / cortando / auto mutilándose (cortando partes no deseadas de vos, tu pasado, tu identidad, emociones, personas, relaciones, bloqueando cosas, etc)

Es una búsqueda constante de la elusiva parte “buena” de la dinámica.

Yohami continua (énfasis mio):

[Pero] no fuiste seguro de vos mismo sobre tus necesidades y deseos, porque todavía estabas negociando cómo sentirte siquiera “bien” y seguro. es por eso que no desarrollaste tu seducción ni viste a las chicas / relaciones por lo que eran – pero terminaste agregando todo esto a la mezcla irresoluta que ya existia, como, buscando lo “bueno” (amor básico, maternal, paternal, donde te encontras indefenso y sos amado y cuidado íntimamente de forma segura) de las mujeres, mezclando no tener defensas y sentirte seguro con el impulso sexual agresivo y añorando el afecto a largo plazo y una sensación de desesperación de nunca más sentirte seguro, etc.

Desde el momento en que nacemos nos damos cuenta de que el amor es condicional, pero queremos que sea incondicional; nuestro estado idealizado es el del amor incondicional. Ser un Hombre es actuar, ejecutar, destacar, ser el que recibe afectos libremente en  apreciación y adoración. A un nivel base es este esfuerzo constante por conseguir ese estado de amor idealizado el que nos ayuda a ser más de lo que eramos, pero viene con el costo de una creencia equivocada de lo que las mujeres son capaces de hacer, mucho menos dispuestas a amarnos de la forma en la que creemos que es posible.

Un lugar donde relajarse

Peregrine John resumió muy bien el tema en un comentario en el blog de Jacquie:

Queremos poder relajarnos. Queremos ser honestos y abiertos. Queremos tener un lugar seguro en donde no hay conflictos, donde recuperemos nuestras fuerzas y descansamos en lugar de gastarlas. Queremos dejar de estar con las defensas en alto todo el tiempo, y tener la oportunidad de simplemente estar con alguien que nos entiende por nuestra humanidad básica sin envidiarla. De no luchar más, de poder dejar de jugar el juego, al menos por un rato.

Lo deseamos tanto.

Si lo logramos, pronto no vamos a poder hacerlo.

Los hombres no se dan cuenta de esto hasta que no están en una ‘relación amorosa’ con una mujer. Para los hombres esto es (o debería) el catalizador para madurar ese deseo por encima del ideal del amor incondicional.
Es en ese momento en el que completan el circulo y entienden que ese amor conceptual al que deseaban poder volver con su madre no existe en la mujer de la que están ‘enamorados’, y en realidad nunca existió entre el y su madre de la infancia hasta la adultez.

No hay descanso, no hay respiro ni tregua ni indulto por actuar, pero el deseo de asegurarse ese amor incondicional es tan fuerte que los hombres pensaron que era prudente escribirlos en los votos “tradicionales” del matrimonio – ‘y me entrego a ti, y prometo serte fiel en las alegrías y en las penas, en la salud y la enfermedad, todos los días de mi vida hasta que la muerte nos separe.’ – en otras palabras una promesa del amor incondicional a pesar de cualquier circunstancia. Esos votos son una suplica directa de un seguro contra la hipergamia femenina que de otra manera correría sin trabas si no se dijeran en frente de Dios y el hombre.

En mi artículo ¿Cuál es tu problema? menciono a un hombre de 65 años al que solía atender, cuya esposa lo había chantajeado emocionalmente durante mas de 20 años. Había estado casado antes y se divorció después de 12 años por “no cumplir con las expectativas de ella” de provisión financiera. Nunca hizo la conexión de que la mujer que el ‘amaba’ tenia un concepto diferente de lo que significaba el amor para el. En cambio, modificó rotundamente su concepto original del amor para que coincida con el de la mujer que ‘amaba’, y así su idea de amor era uno basado en una serie interminable de tareas para poder calificar a ese amor. Durante el primer año de su segundo matrimonio perdió su trabajo y estuvo sin empleo por 5 meses, quedando su mujer como el único ingreso de dinero para el hogar. Al final del 4to mes de desempleo, al volver de una entrevista, llego a su casa y encontró las cerraduras cambiadas y dos bolsas de basura “llenas de sus cosas” esperándolo en la puerta. Encima de ellas había una nota escrita por su segunda esposa que mas o menos leía: “No vuelvas hasta no tener un trabajo”.

Recuerdo patentemente como me contaba con orgullo esta historia, porque dijo que a pesar del enojo que le generó esto, igual le estaba ‘agradecido’ a ella por haberle dado tal patada en el culo para que se convierta en un “mejor hombre”. Para este entonces ya su concepto de amor había sido alterado completamente a partir de sus casi idénticas experiencias con la esposa numero uno. Transformado ese concepto en un modelo donde el amor dependía por completo de su capacidad de ganar el amor de su mujer. Desaparecida estaba la idealización del amor incondicional por el solo mero de amar, reemplazado por el concepto táctico, oportunista del amor femenino de su nueva esposa. Y el estaba agradecido por eso.

Después de 20 años, a los 65 (ahora mas de 70) y con una salud empeorando termino dándose cuenta de que todos sus esfuerzos por asegurar su ‘amor’ indefinidamente nunca habían sido apreciados, solo esperados; y es entonces que se enfrento a la cruel realidad de que si empeoraba su salud también significaba que empeoraban sus medios para mantener esa incesante calificación por el amor y afecto de ella.

La Reconciliación

Recibo muchos correos sobre lo directo y cruel que soy en mi artículo sobre Novias de Guerra. Los hombres se la ven difícil en aceptar la amoralidad de la capacidad innata de las mujeres de formar uniones con sus captores como una traza de supervivencia psico-social adaptativa y de como esto termino evolucionando en la marcada facilidad que tienen las mujeres para ‘superar’ a sus antiguos amantes tanto mas rápido que lo que los hombres parecen ser capaces. A las mujeres no les gusta que detalle este fenómeno por obvias razones, pero creo que a los hombres les desagrada la noción de ser tan fácilmente ‘descartables’ por la misma inconsistencia entre los conceptos de amor de ambos géneros. Incluso como mártires, incluso muertos, ese concepto de amor incondicional masculino se ve refutado por el concepto fluido y utilitario de las mujeres. Como dije en el otro artículo, aceptar esto es uno de los aspectos mas difíciles de tomar la Red Pill.

Entiendo que todo esto parezca excesivamente nihilista, pero esa es la idea. Todos los aspectos positivos y beneficiosos de la realidad de la Red Pill tienen como costo el abandonar los idealismos Blue Pill balo los que estuvimos condicionados por tanto tiempo. Dejar atrás ese sueño esperanzador se siente como matar a un viejo amigo, pero desaprender ese viejo paradigma te permite beneficiarte de la existencia muchísimo mas esperanzadora de la Red Pill.

No estoy debatiendo la sinceridad o autenticidad del a capacidad de las mujeres de amar. Lo que estoy postulando acá es que el concepto de amor que tienen las mujeres no es el que los hombres queremos creer que es.

(Articulo original en ingles)

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